Luis García Jambrina
Luis García Jambrina

Luis García Jambrina

El primer caso de Unamuno

Me encontré frente a la última novela de Luis García Jambrina en Amalur que es una de las librerías a frecuentar en Arrigorriaga. Un municipio de Vizcaya al que me une una gran fidelidad desde que tenía siete años. Hoy he de sumar a esos siete otros sesenta más y no me canso de pasear por una de las riberas de su paseo, cargado de naturaleza, sobre el rio Nervión.

El caso es que me ha pasado con la portada de esta novela como me sucede con algunas personas. A una primera mirada recojo el primer síntoma de empatía y comprendí, —después de leída—, que el título es tan original como el entramado que discurre a lo largo de sus 276 páginas.

“El primer caso de Unamuno” llamó, desde el primer momento, a la puerta, siempre entreabierta, de mi interés como lector, y qué bien hice en abrirla de par en par  para que el lúcido pensamiento de Jambrina pasara al interior de esta celda donde mi espíritu se ha impregnado del amor que desprende la sola presencia de Unamuno y  he disfrutado de su pensamiento tan rabiosamente actual como comprometido, como así lo fue durante su vida.

El autor nos sumerge en el curso de una historia donde la integridad de una sana inteligencia da con la solución que requieren los acontecimientos que se suceden en esta novela y que hace que se adueñe del lector esa incómoda  sensación que sufre quien espera un desenlace que a punto ha estado de eliminar la dignidad del afamado rector de la universidad de Salamanca, don Miguel de Unamuno.

El poder narrativo queda fortalecido por la continua sagacidad e  intriga que vierte el escritor en cada uno de los capítulos y de la férrea persuasión que controla y mantiene en vilo al lector desde la voz de cada uno de los protagonistas que, con suma perfección, desempeñan su papel dejando entrever los entresijos que gobierna la razón en cada uno de ellos.

El móvil principal parte de un asesinato al que le sigue la aparición de otros cadáveres. Nada es lo que parece hasta que disipan la espesa neblina  Manuel Rivera (abogado) y Unamuno, dejándonos un resultado final cargado de sorpresa y emoción. La palabra de Unamuno lucha, sin tregua, hasta demostrar la evidencia de su razón y así la manifiesta ante el asedio y la manipulada interpretación de los que, desde la obcecación, quieren imponer su criterio ante la verdad.

Ojalá y no sea el primer caso de Unamuno. Mi enhorabuena por esta novela al doctor en Filología Hispánica y profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca D. Luis García Jambrina.

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