Tomás López Fernández-Sacristán

MIGUEL HERNÁNDEZ EN VALDEPEÑAS

¿Sabías que nuestro inmortal poeta, Miguel Hernández, estuvo en la muy noble y heroica ciudad de Valdepeñas (Ciudad Real) y que incluso se emborrachó con sus caldos?

Como la mayoría de la gente sabe, Miguel Hernández, tuvo un papel destacado trabajando en favor de la república desde distintas áreas.

Tanto es así que, cuando estalló la contienda, dejó el trabajo lírico de sentimientos circunstanciales y agarró la pluma de la arenga política.  Trabajó en tareas de propaganda y enardecimiento de los soldados en el frente, de esa actitud nace su poemario más combativo “Vientos del pueblo”

Durante el año 1.933 y trabajando para las Misiones pedagógicas, que eran campañas culturales que el gobierno organizaba para llevar a los pueblos más pequeños la cultura  en forma de teatro, museos itinerantes, bibliotecas etc., Miguel Hernández visita  la provincia de Murcia.

Después de esta expedición vendrían otras más. El trabajo era singular y emocionante y también le reportaría algunos ingresos adicionales al sueldo que tenía como ayudante de J. María de Cossío por la elaboración de la enciclopedia taurina.

Fue con motivo de varios actos culturales celebrados en la provincia de Ciudad Real cuando habría que enmarcar su visita a Valdepeñas y desde el día 23 de marzo hasta el día 1 de abril de 1.936.

La misión pedagógica de Miguel Hernández y su inseparable amigo, Enrique Azcoaga, les llevarían a visitar los Campos de Montiel y Valdepeñas. Lo que no está claro es si realizaron alguna «misión», pero lo que es seguro es que fue en Valdepeñas donde se cerró la campaña por la provincia.

Enrique Azcoaga nos dejó a los valdepeñeros, como anecdotario, la inmortalizada visita festiva de ambos en Valdepeñas.

Así la perpetuó  en su libro, “Lealtad a Miguel Hernández” en 1.969 dejandoen él“la respuesta a la pregunta que te envié hace unos días”.

 

Fue en Valdepeñas, Miguel…/¿Cómo no vas a acordarte…?

Al volver para Madrid / con mas vino que talante / en un tercera de Dios

parecíamos dos ángeles./ Tú, pastorcito pintón,/ no dejabas de quejarte;

tan borracho yo, o aun más,/ procuraba consolarte.

«¡ Ay, ay, ay qué mal me siento!» / fue tu mas lírica frase…