01.- Aporte un resumen de su biografía.
Si busco una palabra con la que (d)escribir mi vida, tal y como apunta el enunciado, quizás la expresión que mejor me defina sea la de bonne vivante. Pero no entendida como hedonismo vacío y superficial; si no, más bien, como capacidad de abstracción. Lo que me hace feliz es disfrutar, aprender y profundizar en la belleza del mundo. Y en ese camino la poesía y el lenguaje son para mí de mucha ayuda. Por eso, creo, acabé estudiando filología vasca, y, años más tarde, cursé un máster en estudios literarios y literatura comparada. He trabajado en diferentes ámbitos como la investigación, la docencia y la traducción. Y debo admitir que siempre me he apasionado con todas las labores que he tenido que desempeñar.
Respecto a mi carrera poética, creo que va muy ligada a la académica ya que la una se alimenta de la otra, y viceversa. Siempre he escrito. Y siempre poesía. También algún que otro pequeño relato. Textos que nunca compartía más que con alguna persona de confianza, mis padres y un profesor de literatura. Este último fue el que me animó a seguir escribiendo.
En 2012 empecé a subirme a escenarios a recitar y desde entonces no he parado. He formado parte de diversos colectivos con los que hemos organizado encuentros de todo tipo, en bares, parques, en la calle, teatros… Debo admitir que han sido años muy especiales y locos. Me gustaría citar cada uno de estos colectivos y movimientos porque cada cual me ha aportado aprendizajes y personas que siempre llevaré conmigo: Walking Gallery, Poetry Slam, Rebertso Kolektiboa, Noches Poéticas, Ellas Son Poetas.
Por otro lado, desde 2014 coordino junto con la fotógrafa Adirane Azkuenaga el Festival Internacional de Arte y Poesía «Grito de Mujer» en Bilbao. Un evento anual lleno de fuerza que intenta borrar la brecha de la desigualdad y la violencia a través del arte.
En 2018 nace BI, mi primer poemario, de la mano de la editorial Amargord. Esta obra, que significa dos en euskera, contiene poemas originalmente escritos en euskera y su traducción al castellano. Mis dos mundos, mis dos culturas convergen en él.
Actualmente dinamizo clubes de lectura y talleres de escritura en diversas bibliotecas y aulas de la mujer.
Uno de mis últimos proyectos es el podcast feminista Ahots Planeta, que está en marcha desde el año 2021, junto a Garazi Albizua en la primera temporada, y acompañada por Leire Vargas en las siguientes. Promovido por Euskal Idazleen Elkartea y Azkue Fundazioa. En octubre dará comienzo la cuarta temporada.
02.- ¿Cuál ha sido su mayor descubrimiento como filóloga en el universal mundo de la literatura vasca y por ende en la poesía, qué es lo que le ha llamado poderosamente la atención?
El lenguaje en sí mismo es para mí un descubrimiento: observar el núcleo de cada palabra, su origen, su evolución y sus cambios hasta dar con su forma actual. El caso del euskera me parece maravilloso, ya que, por ejemplo, gracias a su carácter aglutinante es posible crear nuevas palabras a partir de una sola unidad a la que se le añaden sufijos. Por lo tanto, es un sistema muy rico en léxico compuesto y derivado. Y esa sola premisa me basta para percibir la naturaleza creativa de esta lengua. Y, como poeta te da muchas herramientas con las que poder jugar.
03.- ¿Qué tipo de lecturas o personas, maestros, amigos, familiares… le influenciaron para decantarse por ese “amor” que manifiesta públicamente por la poesía?
Uy, qué pregunta difícil. Algo que recuerdo mucho de mi infancia es a mi aita leyéndome poesía. Los tan míticos versos de Lorca “verde que te quiero verde”, o los de Machado “caminante no hay camino” resuenan en mi cabeza cuando pienso en esa época. En mi casa han sido y son muy lectores. Aunque quizás lo de la poesía es algo que absorbo de mi aita. Él también escribe. Tiene carpetas llenas de legajos con frases y reflexiones.
Luego, como lecturas personales, Gustavo Adolfo Bécquer me impresionó (imagino que como a cualquier adolescente). Kavafis fue otro de mis favoritos durante años, y aún lo es. Hubo poemas a los que volvía una y otra vez. Repasaba el mismo verso varias veces. Las palabras. El ritmo. Y me quedaba ahí, absorta, sin poder creer cómo era posible que alguien hubiera dado a luz esa conjunción perfecta de voces y, además, con un significado tan profundo.
Joxean Artze y su poética experimental arrojaron bastante luz sobre mis inquietudes artísticas. Fue una figura muy importante en la vanguardia vasca, y para mí un verdadero artista. Le otorgó a mi aprendizaje del euskera una dimensión lúdica.
04.- ¿Desde qué fecha y bajo qué criterios y argumentos tomó la decisión de escribir poesía?
Como decía más arriba, siempre he escrito, desde mi niñez. Aunque no fueran textos de gran calidad, necesitaba imprimir en papel todo aquello que me pasaba por la cabeza. Pero la conciencia poética llegó más tarde, a partir de los años universitarios. Imagino que empujada por todos aquellos conocimientos, iba implementando nuevos recursos para mis pequeñas creaciones. Experimentos poéticos a través de los que decidí que supusiera lo que supusiera ser poeta, yo quería serlo. Era algo que bullía dentro de mí y necesitaba hacerle hueco.
05.- ¿Qué época fue la de oro para la literatura vasca y a qué autor o autores destacaría por haber dejado la calidad de su obra en heredad permanente para futuras generaciones?
Cada momento histórico tiene su peculiaridad y, por tanto, sus obras cumbre. Todas significativas. El primer libro impreso íntegramente en euskera fue de vital importancia para el desarrollo posterior de su literatura, Linguae Vaconum Primitiae (Primicias de la lengua vasca), escrito por Bernat Dechepare, un parroco bajonavarro, y que incluye dos poemas sobre la lengua vasca. Sus versos más famosos dicen así:
Euskara, jalgi hadi plazara. / Bertze jendek uste zuten / Ezin idatz zaiteien / Orain dute frogatu/ Enganatu zirela./ Euskara, jalgi hadi mundura. (Euskera, sal a la plaza. / Las otras gentes creían / Que no se te podía escribir / Ahora se ha demostrado / Que estaban equivocados. / Euskara, sal al mundo. )
Pero si me pones en la tesitura de elegir, me gustaría nombrar a la poeta Amaia Lasa, perteneciente a la corriente impulsada por Gabriel Aresti con el que se establece un periodo renovador. Es con esta autora con la que se empieza a hablar de literatura vasca escrita por mujeres, aunque, y hago aquí un inciso, ya hubo escritoras anteriores a ella que escribieron en la posguerra franquista que, más tarde, sufrieron el exilio o nunca tuvieron la oportunidad de publicar un libro, a pesar de que sí dejaron su huella en obras colectivas. Amaia Lasa reivindica su condición feminista en la poesía y se dice de ella que hasta que no llegó, la mujer no tuvo un lugar propio en la literatura escrita en euskera. Es por ello que la considero una autora que debe conocerse y leerse más.
06.- En relación con la obra del poeta Gabriel Celaya, ¿es para usted verdad que “la poesía es un arma cargada de futuro”, o viendo la deriva de la sociedad en su conjunto, ¿perdería su mensaje subliminal?
De verdad creo en el poder creador de las palabras, por eso yo diría, a secas, que la poesía es futuro. La poesía establece la posibilidad de que algo suceda. Pensar. Estructurar la frase. Escribirla. Ya estaríamos, así, poniendo las primeras bases para cambiar la realidad. La imagen del arma es muy potente, me gusta. No pienso que haya que desdibujar la idea de Celaya. Ojalá poder lanzar palabras a bocajarro sobre algunas personas. Las palabras no hieren, pero te cambian por dentro.
07.- El título de su primer poemario, publicado y editado por Amargord, (Madrid), y titulado “BI”, “alberga—según sus propias palabras—mundos diversos”, ¿Qué destacaría de cada uno de ellos de cara al lector y por qué esa apuesta clara, concisa e interesante de la convivencia entre dos lenguas diferentes?
Escribir en una lengua u otra no responde a una mera elección estética, tiene muchos componentes que quería mantener en equilibrio para mi primer poemario. El bilingüismo, en mi caso, me dota de una capacidad de ver el mundo a través de dos lentes distintas. También hablo otras lenguas, y con ellas también siento esa misma sensación. Lo que ocurre con el euskera y el castellano es que apelan a mi parte afectiva del lenguaje. ¿Soy en euskera o soy en castellano? Me hago ese tipo de preguntas. No pienso igual. No sueno igual. Seguro que por deformación profesional, el lenguaje es algo que me obsesiona todo el rato. Cómo nos expresamos dice tantísimo de cada cual. Y, a la vez, nos limita, nos pone un freno. Y ahí es donde entra en juego la poesía, porque con ella es posible transgredir esas fronteras y romper cualquier norma formal.
En el libro, a pesar de que los poemas en castellano son traducciones de los escritos en euskera, hay un trabajo de reescritura, ya que la traducción de los poemas está hecha por mí. Para alguien que conozca las dos lenguas puede ser curioso analizar esos cambios. A mí lo que me interesaba era sentir que mi voz estaba presente en cualquiera de las dos partes. Idoia es esas dos lenguas, esos dos mundos.
Sobre todo, sentía que los poemas originales tenían que ser en euskera, era demostrarme a mí misma que yo también podía sacar mi lengua a la calle, como lo hizo Dechepare en 1545.
08.- Literatura comparada, estudios literarios, traductora… Me deja perplejo su pasión por adquirir el conocimiento que se precisa para otorgar a la palabra su pleno sentido. Dígame, si es tan amable, en qué medida se puede tasar la pérdida del mensaje original de un poema en castellano, a la hora de ser traducido al euskera.
No creo que se pueda hablar de pérdida. Toda traducción es una adaptación del texto original. Traducir supone sumergirse en el significado total de la obra, del poema en este caso, y atrapar los matices del mensaje que quiere transmitir. Después, conociendo a la perfección la lengua a la que se quiere trasladar, solo quedaría tejer de nuevo esa misma prenda, pero con unos hilos diferentes. Lo único que cambia es la materia, la esencia sigue siendo la misma.
09.- ¿Cómo se ve, desde la docencia, la entrada en las aulas de la poesía como asignatura?, ¿tiene conocimiento de si se ha llegado a debatir?, ¿lo ve viable? Si no fuera así y en su opinión contra qué se tendría que enfrentar este género para lograrlo?
La poesía es un género lleno de prejuicios, propiciada por una enseñanza para nada atractiva. Precisamente, en los institutos, en plena efervescencia juvenil, se podría trabajar mediante talleres de escritura poética. La gente joven tiene mucho que contar pero casi no les dejamos hablar. El profesor desde el estrado y el alumnado tomando apuntes. Hay que apelar a sus intereses, no enseñarles a contar sílabas. Eso ya vendrá después.
Con niños y niñas más pequeñas, entre 7 y 10 años, es diferente. Todavía su aproximación es más desenfadada y les divierte crear, hacer rimas. De hecho, he impartido algún taller en esas edades y los resultados son muy positivos. Creo que no va a ser un cambio de hoy para mañana, pero lo veo totalmente factible. Espero que así sea.
10.- ¿Cómo define y estructura su poesía para alcanzar el resultado pretendido, es fiel a la primera idea que recibe o la cambia dependiendo de su dificultad?
La escritura poética empieza por una pulsión, un arrebato irrefrenable. Y es ahí donde debe quedar plasmada esa primera idea. A partir de ahí, es necesario reelaborar y volver a leer, volver a escribir.
Normalmente, dejo reposar el texto durante días, pueden ser meses. Necesito poner una distancia, ya que muchas veces lo escrito tiene una conexión emocional que debo dejar que se desvanezca. Después, al retomarlo, puede suceder algo que me asombra y es no reconocer mi voz. Eso me gusta. Es entonces cuando vuelvo a amasar las palabras, a añadir, quitar… Es como hacer pan, hay que respetar los levados, incluso golpear la masa, para que al final, como el bocado, la lectura resulte sabrosa.
11.- La poesía tradicional y escrita deja las puertas abiertas a la improvisación del poeta, ¿ve en este hecho un amago de acercamiento circunstancial al bertsolarismo, qué cualidades identitarias aúna o separa a ambos?
En el origen de todo está la oralidad. Somos palabra. Por lo tanto, es natural que puedan coexistir elementos de uno y otro ámbito. Y no solo en la literatura vasca, si no en muchas otras, como en la hispánica con los y las repentistas cubanas, o los trovos flamencos. Existen muchas clases dentro del arte de la improvisación.
Admiro a los y las bertsolaris, es la tradición que más conozco y su labor me parece una proeza de alto rango. Todo queda circunscrito a un momento, un tema y un ritmo determinado. Cuando lo escuchas y sientes su perfección, eso es algo que creo puede asemejarse a la catarsis de la que hablan los griegos. Es volver al origen, al verbo, y conectar con quienes somos.
12.- Ha trabajado y experimentado sobre otros géneros literarios, compañeros de la poesía, como el teatro, novela, ensayo… Cuéntenos cómo se ha sentido dentro de cada uno de ellos y si ha publicado algún trabajo o piensa hacerlo en breve.
Lo más reciente que he publicado es un cuento escrito para la décima edición del Premio Literario Infantil y Juvenil Bizkaidatz Txikia, titulado Zer erremdio! al que los y las peques han tenido que escribir un desenlace. Ha sido emocionante leer sus propuestas, percibir el cariño con el que han hecho suyos los personajes y, sobre todo, ver su esfuerzo e ilusión.
Por otro lado, recuerdo que, hace no tanto, participé en un proyecto colectivo que aunaba texto, música y audiovisual, en torno a los movimientos migratorios a lo largo del siglo XX dentro del barrio de San Francisco, en Bilbao. Se llamó Joan-etorriak (Viajes de ida y vuelta) y se estrenó dentro del festival de cultura vasca Loraldia en 2018. Fue un viajazo de experiencia, nunca mejor dicho. Lo conformamos un elenco de casi 20 personas, todas neófitas pero con muchas ganas de aportar.
Algo que sí he trabajado con más ahínco, y que se aleja de la dimensión narrativa, es la poesía visual. Algunas de mis piezas, a las que llamo “Simulacros”, se han podido ver en distintas exposiciones y catálogos. Es algo sobre lo que empecé a experimentar de un modo muy intuitivo. Para mí la poesía siempre va ligada a la imagen, es por ello que dar el paso desde lo discursivo a lo visual me parece que responde a un proceso de lo más natural. Siento que todo nace de la necesidad de dar forma a los versos y a las letras que a veces resultan tan etéreas, convirtiéndolas en algo corpóreo, intensificando así su poder evocador.
Ahora mismo tengo entre manos varios proyectos, uno de ellos es una novela corta de tintes distópicos y denuncia social que me está llevando más tiempo del esperado. Pero, al mismo tiempo, estoy disfrutando el proceso. O eso intento.
13.- ¿A qué autores/as podríamos encontrar en su biblioteca personal y cuál de ellos/as se quedan relegados para otro día por falta de tiempo para su lectura?
Por falta de tiempo tengo varios en la recámara esperando su turno, como el último de Eduardo Halfon, el Aleph de Borges o una antología de poesía queer. Antes me agobiaba más. Ahora intento leer, aparte de lo que debo por trabajo, sobre todo, lo que me apetece que, la verdad sea dicha, intento que coincida con las lecturas de trabajo. Hay que aprovechar bien el tiempo.
Así que aparte de esos ejemplares amontonados, también podríais encontrar colecciones ilustradas de los cuentos de Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm, Perrault, La Fontaine, cuentos rusos…Eso es algo que me encanta. Volver a esas narraciones en una tarde de invierno es muy reconfortante.
Y, en la sección de poesía, mis imprescindibles: Leire Bilbao, Ingeborg Bachmann, Baudelaire, Blas de Otero, Gloria Fuertes, Victoria Nicolás, Natalia Jaramillo, Sharon Olds…Me cuesta elegir solo unos pocos.
14.- Qué mensaje transmite al alumnado en estos tiempos de escaramuzas políticas y desencuentros, en este entorno de permanente crispación y desasosiego. ¿Qué pueden hacer, —poéticamente hablando—, unos versos contra todo?
Existen dos realidades. La externa a nosotras y, luego, todo lo que nos sucede por dentro. Es verdad que lo que sucede alrededor nos afecta muy directamente y suele escapar a nuestro control. Pero pienso que, si fortalecemos ese mundo interior, seremos capaces de, no solo gestionar más fácilmente lo que viene desde fuera, si no constituirnos un mundo a nuestra medida. Un criterio. Unos principios. Una meta. Se puede llamar de muchas maneras. Y es ahí donde radica nuestra libertad. Y, desde luego, la lectura y la escritura tienen mucho peso en todo ello. Es dejarnos caer en otra realidad para poder observar las circunstancias desde lejos. Así, pienso yo, nos protegemos del mundo y, a su vez, nos abrimos a él.
15.- Agradeciéndole de antemano su colaboración valore esta entrevista y rubríquela.
Responder a esta entrevista me ha parecido un regalo por el tiempo y el cuidado puesto en cada pregunta. Y, a nivel personal, me ha supuesto un ejercicio de reflexión que me ha ayudado a poner en claro y redactar una especie de autopoética. Así que ha sido un verdadero placer, eskerrik asko, Juan!
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